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lunes, 28 de marzo de 2011

Canales de Holanda:

"Querida, colgué la cocina" 

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Si nunca has estado en los Países Bajos, tal vez creas que únicamente existen canales en la ciudad de Amsterdam. Es verdad que a Amsterdam se la conoce como "la Venecia del Norte" y que el grachtengordel (como se llama en holandés al sistema de canales que cruza la ciudad) ha sido recientemente agregado a la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, pero los canales no son exclusivos de Amsterdam, sino que existen en muchísimas ciudades de Holanda, tanto ciudades grandes como Delft o Utrecht, así como en ciudades más pequeñas como Amersfoort, Valkenburg o Ijlst.

Esta foto que tomé en la provincia de Groningen hace un tiempo, demuestra que existen también bellos canales fuera de Amsterdam:


Estas son las (no tan) famosas cocinas colgantes (hangende keukens, en holandés) de Appingedam en la norteña provincia de Groningen.



Muchas de estas casas del siglo XVI eran originalmente almacenes de depósito que luego fueron transformadas en viviendas en el siglo XVIII y debido a la falta de espacio, se construyeron cocinas que "cuelgan" hacia el canal Damsterdiep - una práctica solución, que permitía que las amas de casas o el servicio de estas casas recogieran agua del canal para cocinar y después del lavado de la vajilla, pudieran tirar el agua nuevamente en el canal ... algo que en nuestros días suena bastante antihigiénico!
En los años 80 se restauraron varias de estas casonas que aún se utilizan como viviendas. Desde el Vrouwenbrug (puente de la mujer) se puede obtener una linda vista de estas cocinas colgantes de Appingedam:

Vrouwenbrug sobre el canal Damsterdiep en Appingedam.

Una pequeña terracita sobre el canal y una de las cocinas colgantes de Appingedam.

Pero las cocinas colgantes no son el único punto de interés de Appingedam. La ciudad tiene una importante marina que atrae a quienes poseen yates o quieren practicar canotaje o alquilar un bote a pedal para pasear. A través del canal Damsterdiep se puede navegar 40 km a través de pintorescos dorpjes o pueblitos de Groningen.

Simplemente caminar por la ciudad es un disfrute que permite observar escenas como éstas:

Estacionar el bote frente a la casa es cosa de todos los días en Appingedam?
Charla de vecinos ... cuántas veces se ve una escena como ésta en donde vives?
En verano, no hay necesidad de armar la pileta inflable en el jardín; en invierno, pista de patinaje sobre hielo gratis!
Viviendas modernas junto a la marina de Appingedam.
Interesante arquitectura antigua en la calle Solwerderstraat.
Alguien me espiaba durante mi paseo por Appingedam.
Appingedam es un lugar ideal para visitar un día de fin de semana, en especial durante los meses de primavera y verano en los que se pueden aprovechar las actividades acuáticas, como por ejemplo, alquilar un bote en la marina. También se puede combinar, por ejemplo, con un paseo a la ciudad de Groningen, que está situada a unos 30 km de Appingedam.

domingo, 20 de marzo de 2011

Córdoba: el corazón de la ciudad

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Vista de la Plaza San Martín, la catedral y el cabildo de la ciudad de Córdoba. Foto de Roberto Bowyer
Hace ya bastante tiempo que quiero mostrarles mi ciudad natal, Córdoba, aquí en el blog. Si he esperado hasta ahora para hacerlo, es porque me resultaba difícil decidir por dónde empezar a hablar de mi ciudad - hay tanto para mostrar y tantas cosas para contar de ella! Finalmente decidí que lo mejor era empezar por hacer un recorrido por el mismo corazón de la ciudad, el kilómetro cero - el punto desde el cual los primeros españoles empezaron a edificar la ciudad tras su fundación en 1573.

El kilómetro cero es el corazón del centro de una ciudad que combina perfectamente lo moderno con lo histórico y lo tradicional. Caminando por este centro histórico de Córdoba, descubrirás aún en medio del caos de avenidas muy transitadas y una zona peatonal bulliciosa, el esquema semejante a un tablero de ajedrez que diseñaron los primeros pobladores, con la Plaza Mayor (como se conocía en un comienzo a la actual Plaza San Martín) y los principales edificios gubernamentales y religiosos en el mismo centro de ese tablero.

Primer trazado de la ciudad de Córdoba del año 1577. Fuente: Wikipedia
La actual Plaza San Martín (1577) fue originalmente concebida como una plaza seca donde se llevaban a cabo ceremonias militares, religiosas y civiles. Más tarde, ya en el siglo 19, se procedió a la parquización de la misma y se erigió en el centro una estatua en honor al General San Martín, una de los principales figuras del movimiento independentista de Sudamérica.

1Todavía hoy se celebran en esta plaza ceremonias oficiales y fiestas populares. Una de ellas tiene lugar la noche del 24 de mayo, cuando generalmente la municipalidad de la ciudad organiza un festival de música folklórica y popular para esperar la llegada del 25 de Mayo, día en el que los argentinos conmemoramos la formación del primer gobierno propio en 1810. Al tocar la medianoche las campanas de la cercana iglesia catedral, se lanzan fuegos artificiales al grito de "Viva la Patria!" de la concurrencia y de distribuye chocolate caliente para celebrar la fiesta nacional.

La catedral de Córdoba se levantó al lado oeste de la plaza y en ella se diferencian diversos estilos arquitectónicos - bóveda y pórtico neoclásico, cúpula románica, torres barrocas, incluso detalles de estilo mudéjar - debido a que, si bien la construcción de la iglesia comenzó en el 1580, no fue terminada hasta 1784.

Vista nocturna de la catedral, tomada desde Plaza San Martín.
En mi opinón, uno de los detalles más intersantes de la fachada de la catedral son los querubines esculpidos en las torres que fueron construídos por indígenas de la zona dirigidos por los constructores jesuitas. Si observamos con detenimiento, podemos notar que las figuras de estos querubines tienen las mismas características físicas de quienes las esculpieron.
A comienzos del siglo 20 se erigió una imponente escultura del Cristo Redentor sobre el pórtico de entrada.
Vista frontal de la fachada. Si ampliamos la foto pinchando sobre ella, notaremos los querubines indios esculpidos en las torres.
Escultura del Cristo Redentor sobre el pórtico de la catedral. Foto de Claudia Gibson
Si el exterior de la catedral es imponente, su interior no es menos impresionante. La bóveda de la nave del templo está ricamente decorado con frescos y murales realizados por importantes artistas del país: Emilio Caraffa, Carlos Camilloni y Manuel Cardeñosa. El precioso altar principal fue traído del Alto Perú, y está realizado en rica plata labrada.
La catedral de Córdoba posee además, un importante tesoro compuesto por objetos donados por fieles devotos y ciudadanos ilustres de la ciudad, tales como joyas de oro y plata, coronas de perlas y piedras preciosas para "vestir" a la imagen de la Virgen, mantos de seda y brocado.
Foto del espléndido interior de la catedral de Córdoba. Foto de Roberto Bowyer
Otra toma del  interior de la catedral. Foto de Gustavo Alterio.
El Cabildo de la ciudad también fue consruído sobre el lado oeste de la Plaza San Martín. En sus orígenes era sólo una construcción de adobe con techo de paja donde el gobierno virreinal ejercía sus funciones. Recién con la llegada del primer gobernador intendente de la ciudad en 1783 -el Marqués de Sobremonte- se impulsaron las obras del actual edificio del Cabildo.
Las principales características de este edificio son la recova de quince columnas, de típico estilo colonial, y la galería cerrada del segundo piso que tiene un estilo más bien clásico, diferencia debida a las distintos períodos en los que se realizaron las obras de construcción.
El cabildo de la ciudad de Córdoba, visto desde Plaza San Martín. Foto de Roberto Bowyer.
La recova del edificio del Cabildo de Córdoba. Foto de Claudia Gibson.
En el interior del edificio se pueden visitar los patios, las celdas subterráneas y varias de las salas, entre ellas, el Salón Rojo donde el intendente de la ciudad recibe en la actualidad a grandes personalidades que visitan Córdoba. También se realizan allí continuamente conciertos y otras actividades culturales.

Hacia el norte de la Plaza San Martín y un poco perdido entre una hilera de tiendas, se encuentra otra joya de la época colonial: el Oratorio del Obispo Mercadillo. Esta pequeña capilla es todo lo que se conserva de la antigua residencia que el primer obispo de Córdoba mandó a construir a finales del siglo 18 tras la consagración de la iglesia catedral y la creación de la diócesis de Córdoba.
La caracteristica más sobresaliente de este oratorio es el balcón de hierro forjado que sobre sale en el segundo piso de la capilla. Detrás de la misma se encuentra el Centro Cultural del Obispo Mercadillo, una construcción moderna con escalinatas de ladrillos rojos que forman una especie de pirámide. Allí se organizan habitualmente exposiciones y actividades culturales.

El antiguo oratorio del Obispo Mercadillo. Foto de Claudia Gibson
Vista nocturna del oratorio y del Centro Cultural Obispo Mercadillo.
El kilómetro cero es el corazón mismo del centro de la ciudad; pero no sólo por ser el lugar elegido por los fundadores para comenzar el trazado de la ciudad ni porque allí se encuentren algunos de los edificios históricos más importantes. La Plaza San Martín y su entorno es el lugar que día a día recorren los cordobeses durante la semana, ya sea camino a alguno de los bancos que se encuentran en el lado este de la plaza, regresando del trabajo o la escuela o durante un paseo de compras en el área peatonal que se extiende hacia el norte. Tomémonos un alto entre visitas a la catedral y al cabildo para sentarnos en uno de los bancos de la plaza y observemos a los cordobeses en acción, caminando apurados con destino fijo o paseando por la plaza sin prisas y recién allí podremos decir que hemos conocido realmente la ciudad.


Una vez más agradezco a Claudia Gibson, Roberto Bowyer y Gustavo Alterio por permitirme usar sus imágenes.

jueves, 10 de marzo de 2011

Canto al atardecer

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Una bellísima puesta de sol sobre el dique de invierno mirando hacia Zalk (Overijssel)
Un par de domingos atrás decidimos visitar uno de los rincones favoritos en nuestro antiguo barrio en Zwolle: Westenholte. Situado en las afueras de la ciudad, Westenholte fue alguna vez una aldea que pasó a formar parte de Zwolle en el año 1967, pero conserva aún el encanto de los típicos dorpjes o aldeas holandesas con sus cortijos, sus campos verdes salpicados de ovejas pastando, y el magnífico lago que forma el dique de invierno, una reserva natural para una enorme variedad de especies de aves.
En la tarde en que nos llegamos hasta Westenholte estaba muy frío y el cielo se mostraba desapacible con su habitual color gris invernal. Pero a medida que caía la tarde, el cielo se abrió un poco y pudimos presenciar una puesta de sol casi gloriosa. Cientos de aves volaban en grupos poblando el cielo rojizo para luego acuatizar nuevamente sobre el lago al tiempo que metían un ruido ensordecedor... En ese instante recordé unos versos de un poema de Walt Whitman: 

Esplendor del día que acaba, flotando y llenándome,
hora profética, hora que resume el pasado,
enardeciendo mi garganta tú, divino promedio,
tú tierra y vida hasta que el último rayo destelle, te canto...

Otro domingo y otra puesta de sol - esta vez en Flevoland, cerca de Dronte.
No canté, pero mientras terminaba el día, me sentí como un espectador en la ópera, observando el drama de la tarde que llegaba a su punto cúlmine antes de ponerse el sol. En ese momento recordé una anécdota sobre el artista catalán Santiago Rusiñol.que leí alguna vez hace años.

La anécdota cuenta que cada tarde  Rusiñol subía a la cima de una colina cerca de su casa y se sentaba, cual espectador en el teatro, a presenciar la puesta de sol. Observaba cómo el sol iba descendiendo en el cielo como si se tratase de ver a un actor o un cantante de ópera interpretando su papel en el teatro. Cuando el sol tocaba el horizonte y desaparecía luego apagándose al llegar la noche, se ponía de pie para aplaudirlo y aclamarlo si es que "la función" le había gustado y hasta pedía un bis. En cambio si la puesta de sol no lo conmovía o no le gustaba, abucheaba al sol y se marchaba, cual espectador desilusionado que va directo a la taquilla a reclamar el dinero de su entrada.

Espiando el sol que se pierde tras la hilera de casas en mi barrio de Zwolle.
Con esta anécdota en mente, se me ocurrió mostrar aquí en el blog algunas bellas imágenes de puestas de sol captadas por algunos amigos y compartir algunos versos más del poema de Whitman, Canto al atardecer:
(pinchar sobre la imagen para ver las fotos en tamaño más grande)
Anochecer en Madrid (España) - por Artigazo (David)
Boca abierta de mi alma proclamando gozo,
ojos de mi alma  que ven perfección,
la vida natural en mí fielmente alabando las cosas,
corroborando para siempre  el triunfo de las cosas.
Flying to a warmer place (volando hacia un lugar más cálido), Hoofddorp, NL - por Agnes Lapin.
Maravilloso celebrarte a tí y celebrarme a mí mismo,
cómo mis pensamientos juegan sutilmente ante el espectáculo alrededor!
cómo las nubes pasan silenciosamente en lo alto!
cómo la tierra gira y gira! Y cómo el sol, la luna, las estrellas giran sin parar!
Mirrors (espejos) - Coral Gables, Fl. EEUU - por Roberto Bowyer
Cómo el agua salta y canta! (porque está viva!)
Cómo los árboles se enderzan y se levantan, con fuertes troncos con ramas,
y hojas!
(porque hay un algo más en cada árbol, un alma viviente!)
Alley of ghosts (callejón de fantasmas) - Rota, España - por Artigazo (David)
Oh asombro de las cosas, aún la más pequeña partícula!
Oh espiritualidad de las cosas!
Oh música que fluye a través de las eras y los continentes, ahora
llegándome a mí y a América!
Tomo tus acordes fuertes, los intercalo y los regalo!
Flames 2 (llamas 2), Philadelphia
Yo también canto alabanzas al sol, en el preludio del mediodía, o como ahora, al atardecer,
yo también vibro ante el cerebro y la belleza de la tierra y de todo lo que
crece en la tierra,
yo también he sentido el llamado irresistible a celebrarme a mí mismo.
Cuando se acaba el ocaso, Gijón, España - por Urugallu (José Rodríguez)
Yo canto hasta el final las igualdades modernas o antiguas,
canto los finales infinitos de las cosas,
sostengo que la Naturaleza continúa, la gloria continúa,
canto mi alabanza con voz eléctrica,
porque no veo una sóla imperfección en el universo,
y no veo una sóla causa o un sólo resultado lamentable al final en el universo.
On fire (encendido) - Cornwall, UK - por Agnes Lapin
Oh, sol del poniente! Aunque ha llegado la hora, aún así emito mi canto para tí, de absoluta adoración.
Ocaso en Peñas (Asturias, España) - por Urugallu (José Rodríguez)
Quiero agradecer a Agnes, David (Artigazo), José (Urugallu) y Roberto por dejarme subir sus hermosas fotos al blog. La selección fue bastante difícil ya que todos ellos tienen imágenes increíbles, "the real deal", como suelo referime yo a sus fotos. Pueden ver más de sus fotos visitando sus galerías en Flickr: Agnès Lapin Artigazo (David) Robero Bowyer Urugallu (José)

viernes, 4 de marzo de 2011

Nuestro propio Elfstedentocht: Stop #4: Dokkum

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El comienzo de la calle comercial de la ciudad de Dokkum

Dokkum es una de las ciudades de Frisia que planeo volver a visitar en cuanto llegue la primavera o tal vez en el verano. Se trata de la ciudad más septentrional de los Países Bajos y la segunda ciudad más antigua de las once que forman el circuito de la Elfstedentocht, la famosa carrera de larga distancia patinando sobre hielo que se corre en la norteña provincia.

La figura de un santo y mártir está estrechamente ligada a la ciudad de Dokkum: San Bonifacio - el misionerio que en el siglo VIII recorrió esta parte del Imperio Carolingio propagando el cristianismo. En el año 754, durante su paso por esta parte de Friesland, Bonifacio sufrió el martirio a manos de los habitantes nativos que intentaba convertir.
En nuestros dias, existen en Dokkum recordatorios del paso de este santo y mártir de la Iglesia por la región. Entre ellos, podemos admirar la iglesia de San Bonifacio o St. Bonifatiuskerk, una de las siete iglesias de estilo neogótico construídas por el arquitecto Pierre Cuypers en la provincia de Friesland.También relacionada al santo, encontramos la capilla de San Bonifacio construída junto a la vertiente (ahora fuente) que lleva el nombre del santo y cuyas aguas son supuestamente milagrosas.

La iglesia de San Bonifacio, construída por el arq. P. Cuypers.
Capilla y fuente de San Bonifacio.

La mitra en esta plaza de Dokkum, recuerda los pasos del santo en el siglo VIII.
A cada paso que damos recorriendo las calles de Dokkum, encontramos vestigios de un pasado en el que la ciudad vivió una época de oro. Hasta el siglo XVIII Dokkum contaba con una salida directa al mar, lo que la convertía en un puerto importante de la provincia de Friesland.
En el Grootdiep, antiguo muelle de la ciudad y salida al mar, aún hoy se conserva el edificio que albergaba el Almirantazgo de Friesland y Groningen, cuyo papel era el de proteger y dirigir el comercio marítimo. En 1963 el Admiralteitshuis -como se le llama en holandés- fue convertido en un museo regional, donde desde entonces se exhibe el arte local, así como interesante colecciones de cerámica y tejidos de la Edad de Oro y una muestra sobre la vida y la obra de San Bonifacio.

El muelle del Almirantazgo - vestigio de la Edad de Oro en Dokkum.
Otro edificio interesante que no se puede pasar por alto en nuestro recorrido por la ciudad es el Ayuntamiento de Dokkum que data del año 1610. La Stadhuis (ayuntamiento) está situado junto al Kleindiep, el canal que es a su vez, el punto de retorno en la Elfstedentocht, la Carrera de las Once Ciudades que se corre patinando sobre el hielo formado en los cursos de agua que cruzan toda la provincia de Friesland.


Stadhuis o Ayuntamiento de Dokkum (1610)
En la Oficina de Turismo local o VVV, se pueden encontrar rutas o recorridos que llevan, paso a paso, por los lugares más interesantes de la ciudad. También, claro, se puede recorrer la ciudad por cuenta propia, siguiendo el curso de los encantadores canales, desviando por alguna de las callejuelas sinuosas donde podemos admirar bellos jardines y la estupenda arquitectura de otros tiempos; o subiendo al bolwerk, es decir, el bastión que en el pasado fortificaba la ciudad y que en la actualidad es un paseo tranquilo en medio del verde que lo cubre.
El canal y vista del molino "De hoop", que data de 1849.

Niños de Dokkum navegando en una tarde de verano.

Uno de los tantos bonitos jardines de Dokkum, cuidado por su dueña.

Dokkum es también un lugar ideal para hacer base y explorar esta parte de la provincia de Friesland.El noreste de la provincia está salpicado de preciosos pueblitos construídos sobre terpen que son lomas artificiales que fueron construídas siglos atrás para escapar al avance de las aguas.
Hacia el sur de la ciudad, comienza el Woudland de Friesland, un paisaje pintoresco natural, mezcla de bosques y pastizales entrecruzados por setos. Al norte, las marismas que nos llevan hasta el Mar de Wadden; y hacia el norte se extiende la bellisima zona del Parque Nacional de Lauwersmeer, un área  que es tanto un hábitat protegido para la región, así como una atracción turística para quienes gustan de naturaleza.



Pueden leer también mis anteriores entradas acerca de Friesland aquí:(por ahora sólo disponibles en inglés)

Stop#1: Leeuwaarden

Stop#2: Harlingen

Stop#3: Jardines de IJlst

Direcciones útiles:

Información Turística: (para folletos, mapas, recorridos, etc.)
Regio VVV Lauwersland
Op de Fetze 13
9101 Dokkum

Capilla y vertiente de San Bonifacio (para información sobre horarios de visita, etc).
Bronlaan 12, 9101 VS Dokkum - Phone nr.:06 – 109 14 645
Sitio web

Museo de Dokkum (Admiraliteitshuis)
Diepswal 27, 9101 Dokkum - Phone nr.: 0519 - 293134
Sitio web

lunes, 7 de febrero de 2011

sobre bodas en Holanda, pescado crudo y (malas) primeras impresiones

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Hace unos días recibí un email de Ana O'Reilly -autora del blog "A pinch of this, a dash of that"-(en inglés) y del blog en español  "Apuntes, ideas, imágenes" en el que me invitaba junto con otras blogueras amigas, a participar de una serie sobre el tema "casamientos en el mundo". La idea me pareció excelente y una buena oportunidad para poder contar en este blog cómo fue mi primera experiencia en una fiesta de bodas en Holanda.

Los invito a visitar el blog de Ana para leer la historia de su casamiento argentino y también el blog de Katie, una americana que ahora vive en Argentina y cuenta sus experiencias en "Seashells and Sunflowers". (en inglés)

Todavía era una novata sin experiencia en cuestiones de costumbres y hábitos holandeses, cuando un día mi marido llegó a casa con la novedad de que habíamos sido invitados a la fiesta de bodas de un compañero de trabajo. Su colega Bas se casaba, y la recepción se realizaría en un salón en las afueras de Zwolle, donde vivimos. Hacía muy poco que había llegado a Holanda y ésta sería mi primera fiesta y una fiesta de bodas, además, en Holanda. Enseguida comencé a hacer planes: qué me pondría, si debería ir a la peluquería, tal vez sería ésta una buena oportunidad para ponerme un vestido que apenas había lucido una sola vez en Argentina?

El día de nuestra boda en Argentina en 2003.
Más o menos una semana antes de la boda, al llegar a casa mi marido descubrió mi vestido de fiesta color turquesa, primorosamente expuesto sobre nuestra cama. Con cara de asombro, me preguntó si acaso estaba planeando asistir a la Ceremonia de entrega de los Oscars en Los Angeles? No entendiendo del todo la ironía, le contesté que a tan pocos días de la fiesta, estaba preparando el vestido que llevaría y todavía tenía que sacar turno en la peluquería, ver qué zapatos llevaría, buscar los accesorios...

En el momento en que mi marido volvió a abrir la boca para responder, todas mis ilusiones de tener mi minuto sobre la "alfombra roja" en un casamiento holandés, se desvanecieron. En Holanda, me explicó, o al menos en esta parte de Holanda, la gente no se producía tanto para asistir a una boda, sino que más bien usaba ropa normal de calle, un poco más arreglada tal vez, pero nunca un vestido largo y tan obviamente de fiesta como el que yo planeaba lucir.

Acaso estos holandeses no eran conscientes de lo que se perdían? Dónde quedaba la ilusión de encontrar el atuendo perfecto y prepararse para la fiesta, dónde quedaba el glamour y el momento de frivolidad?

Tras años de vivir aquí en Holanda y sabiendo ahora cuán prácticos son los holandeses, me doy cuenta que en verdad dejan de lado mucho:  nada del estrés pre-festivo buscando qué ponerse, y mucho menos gastar tal vez hasta el sueldo de todo un mes en una boda que no es la propia, ni la de una hermana o ni siquiera la de la mejor amiga.

En Holanda, los invitados normalmente lucen ropa  informal para asistir a una boda.

El día de la boda, resignada a no ir vestida como si me acabara de bajar de una pasarela de Milán,  igualmente me arreglé con esmero. Comencé a preprarme para la fiesta bastante temprano, ya que la invitación era para las 20 hs. - una hora bastante inusual para mí, novata en lo que hacía a la etiqueta y costumbres holandesas.
Si bien en Argentina las bodas de mañana se están haciendo más populares últimamente, todavía es más común celebrarlas de noche. Por lo general la ceremonia religiosa tiene lugar a las 21 hs. o incluso a las 22 hs., como en el caso de mi boda y por lo tanto, la fiesta no comienza hasta las 23 hs. o la medianoche y continúa hasta la mañana siguiente.

Al llegar al restaurant, dejé mi abrigo en el guardarropa y marché presta hacia el salón. Tan apurada estaba por inaugurar mi primera boda holandesa, que pasé de largo junto a la hilera compuesta por los recién casados y sus familiares directos, quienes estaban perfectamente alineados como soldaditos a la entrada, para darles la bienvenida a los invitados.  Desde ya que ignorarlos de esa manera, no era precisamente causar una buena primera impresión como recién llegada, o sí?
Lo cierto es que tenía una buena excusa: cómo saber acerca de esta formación casi militar a la entrada, cuando en Argentina no se acostumbra en absoluto? Allí los invitados son los que llegan primero a la fiesta, y mientras esperan, se les sirven bocaditos y champán o cocteles. Luego viene el momento especial en el que hacen su entrada los novios y la fiesta propiamente dicha puede ya comenzar.

La ceremonia de casamiento de una pareja de amigos, en el Ayuntamiento de Zwolle.

Una vez superado este faux pas, pude relajarme y comenzar a disfrutar del buen ambiente de la fiesta: buena música, la gente que se mezclaba por el salón conversando  pasándola bien, la comida... la comida? Dónde estaba la comida? Por suerte, cuando empezaba a preguntarme por este detalle, apareció un mozo ofrenciendo... café! Café antes de la cena? Una costumbre algo inusual, pensé; pero acepté el café y esperé por la cena.

Mientras tanto, mi marido me presentaba a algunos de sus colegas y yo cambiaba algunas palabras con cada uno de ellos. Un grupo tocaba música en vivo, lo cual me pareció una buena idea ya que en Argentina no es muy común. Algunos de los invitados ya se habían puesto a tono con la música y coreaban las canciones, mientras que un grupo de mujeres bailaban solas en el centro del salón. Como a mi marido no le gusta bailar en público, yo las miraba con un poco de envidia y en algún momento pensé en sencillamente acercarme al grupo y ponerme a bailar, pero luego del papelón cometido en la entrada, temía cometer un nuevo error, así que me quedé observando y bailando mentalmente.

Mi llegada a la fiesta de mi boda.
A ocho años de vivir en Holanda, aún me sorprende que, al menos en esta parte del país, son por lo general las mujeres solamente, o las parejas algo mayores con obvio entrenamiento en bailes de salón, quienes bailan en las fiestas en general, no sólo los casamientos. Los hombres permanecen aparte, tomando su cerveza y charlando o incluso, si el tiempo lo permite, salen del salón para fumar y charlar en el jardín o terraza y permanecen allí gran parte de la fiesta.
Cuando el año pasado asistí a otra boda, me atreví a preguntarle a un amigo holandés si alguna vez bailaba en las fiestas y su respuesta fue negativa. Me comentó que por lo general, los hombres prefieren tomar y charlar y dejar que las chicas se diviertan por su cuenta. Ante mi insistencia preguntando si no le gusta bailar en absoluto, me contestó que él sólo lo hacía cuando iba a algún club o disco durante sus vacaciones en el exterior, pero que nunca lo hacía estando en casa...

Mientras tanto, la fiesta continuaba y el mozo reaparecía con los bocaditos. Yo tenía bastante hambre, así que al verlo, la cara seguramente se me habrá iluminado de contenta. Cuando algo (bastante más tarde) pasó con una segunda tanda de bocaditos, decidí no tomar ninguno más, ya que prefería esperar la comida de verdad.
Mi marido enseguida se dio cuenta de mi "táctica" y discretamente me advirtió que no esperara a la cena, puesto que ... no la habría!!

Tiempo después investigando un poco y ya con la experiencia de otras bodas, me enteré que aquí se acostumbra a convidar a los familiares directos y a los amigos más allegados a la comida de bodas, mientras que al resto de los invitados se los convida más tarde para la fiesta con música, bebida y bocaditos. Pero cómo iba yo a saber ésto? En Argentina por lo general, en las fiestas de casamiento se sirve, además de los bocaditos con tragos al comienzo, una cena con tres platos. Además siempre se ofrece una mesa dulce buffet con variedad de tortas y postres; y como las fiestas suelen durar hasta muy tarde (o muy temprano) el día siguiente, se ofrece también un desayuno con pizzas o (la elección más común) una pata de ternera flambeada. Para hacerse la idea, hay que pensar en la película "Mi gran casamiento griego".

Evidentemente, mi comida de ese día (recordar que no había cenado antes de salir de casa y mi último bocado había sido al mediodía) serían sólo bocaditos, y no muchos además, ya que se planifican por lo general pocas pasadas durante una fiesta. De manera que cuando vi que nuevamente el mozo se acercaba con la bandeja, me preparé para el asalto. Sin mirar mucho de qué estaba hecho, levanté un bocadito que se veía primoroso y me lo llevé a la boca...

En ese mismo momento, supe que me iba a arrepentir de mi elección. La textura gelatinosa y jabonosa en mi boca, me decía que había escogido el manjar holandés que había tratado de evitar a toda costa hasta ese momento: el hollandse nieuwe, que no es otra cosa que ... arenque (pescado) crudo!

El hollandse nieuwe, o arenque crudo, que es típico en Holanda.
Qué hacer con ese bocado? Obviamente, justo en el momento de mi aflicción, alguien tenía que dirigirme la palabra esperando una respuesta! Desesperados momentos, intentando aparentar normalidad y tratando de responder, cuando lo que quería era escupir ese asqueroso bocadito. Apuradamente contesté tratando de no hacer arcadas en público, y corrí al baño a deshacerme de la gelatina que tenía en mi boca, porque nada ni nadie podría hacer que me la tragara.

De más está decir que tuve que hacer luego varias visitas al baño de damas, puesto que a pesar de tomar litros de agua y jugos, no conseguía quitarme la sensación de disgusto de la boca, causado por el recién descubierto y ya definitivamente odiado, manjar holandés.

... Y así es como pasé mi primer casamiento holandés. Como dijo alguna vez Groucho Marx: "pasé una noche estupenda. Sólo que no fue ésta."

lunes, 17 de enero de 2011

los cordobeses somos así

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La peatonal de la ciudad, escenario del ingenio y el genio cordobés.
En ocasión de las últimas elecciones que se celebraron en los Países Bajos el año pasado, y luego de varios meses de deliberación y no pocas dificultados que se tuvieron que superar para formar un nuevo gobierno, me puse a reflexionar sobre las diferentes maneras de reaccionar que tenemos argentinos y holandeses frente a los acontecimientos que nos tocan en la vida diaria. Mientras los argentinos tenemos una tendencia a exagerar los hechos, aún los más insignificantes, los holandeses absorben las noticias, las discuten tranquilamente y sin apasionamientos entre colegas o en familia, sacan sus propias conclusiones y siguen adelante con sus quehaceres diarios.

Siguiendo con estas reflexiones, luego me di cuenta que el ser demasiado apasionados es una característica que compartimos todos los argentinos. Somos apasionados en las cuestiones de la política, el fútbol, la comida, nuestros héroes nacionales. Pero qué características nos son propias a los cordobeses en particular? Cómo reconocen otros argentinos a un cordobés como tal?

Un simpático cordobés posa para la cámara en pleno centro de la ciudad. Foto de Claudia Gibson.
Somos graciosos, es lo primero que se me ocurre. Desde el momento en que abrimos la boca para hablar, los cordobeses provocamos al menos una sonrisa (a veces socarrona) en quienes nos escuchan, puesto que hablamos español con un acento muy particular. La melodía del acento cordobés tiene una cadencia lenta producto de la prolongación de la sílaba anterior a la acentuada, de manera que una frase simple como "mi amigo" se transformaría en miaaaaaaaamigo, al decirla en cordobés.

Nuestros compatriotas en el resto del país tratan (muchas veces en vano) de imitarnos, en especial cuando hacen bromas o cuentan historias o chistes que llevan un poco de color local. Y es que imitar al cordobés no es tarea fácil, ya que conlleva cualidades que son inherentes al ser cordobés, y que van más allá de simplemente copiar la fonética o la melodía que nos caracteriza.

Dos cordobesas protestan, de una forma humorística, sobre el aumento del trasporte público, luciendo el cospel que se utliza para pagar el boleto de una manera bastante creativa. Foto de Claudia Gibson.
Vemos entonces que esa habilidad para ser graciosos trasciende nuestra forma particular de hablar puesto que el cordobés posee además, la habilidad para ser terriblemente ocurrentes. Ya sea entre amigos, en la cola del banco o incluso en una ceremonia solemne, el cordobés tiene, ante cada situación de la vida diaria, una salida de humor, que es a veces simpática, a veces algo irónica y burlista, pero siempre provocadora de sonrisas.

Reflexionar sobre esta "cualidad" de los cordobeses, me hizo pensar en mi padre, que es cordobés hasta la médula. Tiene un acento cordobés muy marcado, que ni siquiera tantos años fuera de su tierra han podido borrar. De regreso en Córdoba hace ya 35 años, con mi madre han vivido en la misma casa y en el mismo barrio casi tres décadas.

Mi padre tomando mate a orillas del río Guayleguachú, en Entre Ríos.

Apreciado por los vecinos por su manera campechana de ser, mi padre es el tipo de persona que cada vez que sale a la compra, seguramente tarda el triple del tiempo normal, ya que en el camino se distrae siempre para pararse a conversar con la gente. Esta gente, son frecuentemente vecinos a los que, como buen cordobés, jamás se toma el trabajo de llamar por su verdadero nombre cuando, una vez en casa, nos pasa mi madre y a mí el reporte de sus encuentros camino al supermercado o la carnicería. Y es que además, como buen cordobés, siempre tiene sobrenombres graciosos para todo el mundo.

En general, este hábito de mi padre, me resulta divertido e ingenioso; no así a mi madre, que siempre es la que se queja de que jamás sabe de quién está hablando mi padre y le regaña a menudo, sosteniendo que no está muy bien llamar, por ejemplo, al señor G. Huevo de Heladera, o al señor S., Gallina Prolija!!

Y es que el señor G., parece pasarse buena parte del día parado en la puerta de su casa, que es donde normalmente tenemos un lugar en nuestra heladera para colocar los huevos al traerlos de la compra. En el barrio es quien siempre está al tanto de lo que ocurre, algo así como el vigilante de la cuadra, si es que me entienden lo que quiero decir!
Luego el señor S., parece tener una costumbre que ni siquiera lo hace sonrojar cuando (y no puedo creer que esté contanto ésto!), "acomoda los huevos como una verdadera gallina prolija", según explicara mi padre a mi madre en su momento, cuando ésta inquirió el por qué del sobrenombre.
También tenemos de vecino al señor Soldado mal escondido, quien tiene como seña particular, la de lucir una calva bastante reluciente - casi tanto como la de mi señor progenitor - y que recibe ese nombre, porque, estando mal escondido, se le llega a ver el casco...

Yo con mis padres en la alta montaña en la provincia de Mendoza.

Esta costumbre de mi padre de ponerle sobrenombres a todo el mundo, me ha ocasionado no poco momentos embarazosos durante mis viajes anuales a Argentina cuando, mientras estoy de visita en casa de mis padres, me encuentro con vecinos que salen a darme la bienvenida.
Todos parecen realmente contentos de verme y salen prestos a saludarme, preguntarme sobre el viaje, cómo he encontrado a mis padres, cúanto tiempo me quedaré y ese tipo de cosas... Siempre saboreo estos momentos de genuino interés que nos hace tan cálidos a los argentinos, en especial llegando de un país donde no es tan habitual el contacto abierto y directo. Pero siempre que voy caminando por la calle donde viven mis padres y veo aproximarse a alguno de mis vecinos, experimento un momento de pánico mientras trato desesperadamente de recordar el verdadero nombre del señor Gallina prolija - intentando a su vez no notar por qué mi padre le ha dado al señor S. este poco favorecedor sobrenombre. Por suerte, en Argentina es costumbre saludar a las personas con un beso... un alivio, dado el hábito tan poco decoroso del señor S.!

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